Me encontraba solo en lo que era supuestamente mi apartamento. Parecía que mis seres queridos ya no estaban conmigo, ni mis hijos, ni mi mujer y al parecer yo ya era bastante viejo.
Recién me había levantado, eran las siete y media más o menos. Como era de costumbre fui a prepararme unos mates para despabilarme, puse el agua a calentar y en eso escucho que tocan la puerta, sentí curiosidad y asombro de quien podría ser ya que casi ni amigos me quedaban. Fui a abrir, y en ese momento, voltee la cabeza, y vi una fotografía de Ella, la que había a sido mi mujer, mi compañera, mi mejor amiga, la que me cambió la vida. Se la veía asustada por algo.
Abro la puerta y no había nadie, solo un paquete, una caja de alrededor un metro por sesenta o setenta cm., la levanto para ver de quien era, y curiosamente no tenía remitente. Dejo la caja sobre la mesa y voy a mirar el agua, que ya estaba hirviendo.
Luego de tomar unos mates abro la caja que había recibido, era un rompecabezas, lo extraño era que no tenía ninguna referencia, por lo general todos estos juegos tienen una imagen en la tapa de lo que es. No tenía nada que hacer, así que me puse a armarlo.
Así que ahí estaba yo, armando este juego, ponía pieza por pieza, sin tener la menor idea de lo que estaba haciendo. Sentía una sensación media hipnótica con esto.
Ya había armado bastante. Me retiro unos centímetros de la mesa y lo observo cuidadosamente para ver si se distinguía algo. Pero no se podía comprender.
Habían pasado varias horas, ya era tarde, así que dejo todo, y voy a comprar algo de comer. Mientras caminaba al almacén, no podía dejar de pensar en ese juego, así que me apuro, y compro dos boludeses, un poco de paleta y queso.
Al llegar a la casa, pongo el agua a calentar, para hacer un mate cosido.
Luego de cenar me baño y me voy a la cama, antes la saludo a Ella, pero sentía que me quería decir algo, en la foto no se veía alegre como de costumbre, estaba triste y asustada.
Al despertarme, sigo con mi rutina de mañana, preparo nuevamente el agua para mate y como algo, y decido seguir con el juego.
Una pieza acá, la otra allá. Tenían formas muy raras, y eso que yo conocía de rompecabezas y ya había armado unos cuantos, pero nunca uno tan grande y con este tipo de piezas.
El tamaño de la mesa ya no alcanzaba y este rompecabezas se estaba volviendo eterno. Así que agarro unas sillas y una tabla, la pongo junto a esta y sigo armando.
Se me seguía pasando las horas, el agua hervía, Ella cada vez mas preocupada, asustada y angustiada.
Ya había pasado 3 días desde que lo empecé a armar, casi no dormía ni comía, estaba muy agotado.
Ya está, me faltaba una sola. Pero esta era diferente a todas las otras, era más grande y toda negra, en ese momento, en que voy a poner la pieza en su lugar, siento que tocan la puerta. No le doy importancia. En el trayecto en que la coloco en su lugar, siento la presencia de Ella. Seguían golpeando la puerta, cada vez más fuerte. La coloco en su lugar y me levanto.
Al ver el rompecabezas, me asusto, y me sorprendo, al comprender que el dibujo era mi casa por dentro. La fotografía de ella, la pequeña cocina, la mesa. En la puerta, que se encontraba abierta, se veía una persona con el brazo extendido hacia delante, y a la altura del pecho, un punto negro, que no llegaba a comprender que era.
Escucho nuevamente los golpes en la puerta, agarro el picaporte y me paro junto a la puerta, pero sentía como si una fuerza superior a mí me estuviera deteniendo.
Lamentablemente, sin saber lo que me esperaba, y sin hacer caso a estas señales, abro. . .
En ese instante toda mi vida pasó. Mi infancia, mi primer beso, mi primer amor, el día en que la conocí, mi casamiento, el nacimiento de mis hijos, cuando terminamos nuestra casa. Los recuerdos más apreciados, hechos que me cambiaron la vida. Sentí una alegría muy grande, me di cuenta en ese momento, por lo que vale luchar. Me sentí feliz de lo que había logrado, de las personas que amé, y sobre todo de esas personas que confiaron en mí y me quisieron.
Pero para cuando me doy cuenta, estaba tumbado en el suelo, con sangre por todo el pecho. Estaba agonizando, lo sorprendente es que me sentía sin miedo, feliz por lo que fue.
Mientras todo se oscurecía, me comenzaba a ver a mí mismo, ahí tirado, viendo como todo se alejaba.
Ya había terminado, era hora de descansar.
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domingo, 28 de junio de 2009
El Rompecabezas
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